Por: Lic. Natalia Bengochea
Lic. Marcela Videla
Lic. Karina Madariaga
El paso primordial para tomar conciencia de la defensa y conservación de toda la vida en el Planeta Tierra es meditar sobre ello, dedicar un tiempo a pensar y reflexionar sobre el estado de deterioro a que ha llegado nuestro "hogar", sobre la conservación de las especies vegetales, sobre los animales domésticos y sus derechos, sobre ejemplares en vías de extinción, sobre posibles soluciones a la basura en el mundo y sobre el apoyo a las Organizaciones de lucha por la preservación de la vida en el Planeta.
Como respuesta frente a la gravedad de los problemas del deterioro del medio ambiente, y ante el riesgo cierto de una posible ecocatástrofe universal, todos debemos cuestionarnos ciertos interrogantes ineludibles: ¿Qué se requiere hacer?, ¿Qué se puede hacer ahora?, ¿Qué puedo hacer yo en mi vida cotidiana?...
Al tomar conciencia de la magnitud de estos problemas, los seres humanos confrontamos un nuevo reto; un reto crucial, porque estamos implicados nosotros y el futuro de la humanidad. La defensa de la naturaleza debe ser una lucha por nuestra supervivencia. Además, proteger el medio ambiente es una obligación, ya que la Tierra es nuestra herencia, la heredad del hombre.
Nuestro compromiso debería proteger semejante legado, y proponer soluciones desde una visión como hijos de Dios, pero también como ciudadanos responsables, cada uno desde su lugar en el mundo; desde su actividad puntual y personal en la vida cotidiana.
En primer lugar, es preciso conocer y denunciar todas las formas de agresión de los seres humanos sobre el medio ambiente, sea rompiendo el equilibrio ecológico o destruyendo la belleza natural.
También sería necesario que en cada país se estableciera una legislación sobre el medio ambiente que contemple no sólo sanciones contra las agresiones al medio, sino también ofrecer estímulos y tomar medidas que ayuden a conservarlo.
Asimismo es menester un esfuerzo de aplicación de la ciencia y la tecnología para proteger el sistema ambiental, sin olvidar cuestiones éticas y morales, ya que los problemas ambientales son cuestiones que exceden la propia ciencia y que requieren la atención de la ética. Es decir, ir asumiendo un nuevo estilo de vida personal y social que implique un nuevo modo de relación de los hombres entre sí y con los componentes extrahumanos del entorno.
El cambio que necesitamos para salvarnos del desastre ecológico no se logrará sólo a través de la ciencia y la tecnología, si sólo confiamos en una legislación medio ambiental o si nos quedamos en la pura denuncia contra los ataques al medio ambiente. Entonces, es preciso cambiar nuestro modo de vivir, nuestro estilo de vida, incorporando el paradigma ecológico con todo lo que ello implica: una nueva forma de relación de los seres humanos con la sociedad y con la naturaleza.
Éste es hoy el verdadero compromiso: desenmascarar la cosmovisión vigente en nuestra sociedad, que concibe a las personas y a la naturaleza como simples objetos de consumo; y apostar, por el contrario, a un cambio de valores y actitudes que suponen una nueva ética y una nueva utopía: la búsqueda de una vida en armonía con la naturaleza y con la creación.
Conclusiones del trabajo “Naturaleza y Compromiso” presentado ante la Universidad del Salvador, Buenos Aires