Misión en Va. Atamisqui
“Lo que vi, lo que escuché”: eslabones
por Karina Madariaga
Presidenta
Acuerdo Ambiental
La Esperanza duerme en una semilla
Una de las colaboraciones aportadas por San Nicolás para la Villa de Atamisqui consistió en semillas. Las mismas fueron gestionadas por el Ing. Bernardo Andino, del I.N.T.A. local.
La bolsa viajó casi 1.100 kms. para llevar a las familias que las necesitaban.
¡Qué promesa significa una semilla! Su presencia diminuta parece garantizar la vida futura… si es cuidada, asistida, contenida.
La simiente es un símbolo: de que aún es posible esperar más allá de la pequeñez observada un mañana más grande y fructífero. Como los niños…
¡Y cuánta esperanza en las caritas de los chicos!
-¿Vas a cuidarla?
-Sí doña, y le voy a dar agua.
Cydia, la mamá, portadora de un nombre muy común por aquellos lugares, cuando salió a recibirnos, lo hizo con gentileza sencilla. Sólo se limitó a escuchar quiénes éramos, por qué estábamos allí. Se fue acercando despacito a la camioneta y detrás de ella todos sus hijos, calladitos.
Les mostramos los folletos, las bolsitas de semillas, las variedades elegidas para ellos. Cada palabra caía como una semillita en sus caras absortas. Y germinó la palabra. Ella habló:
-¿Entonces me las dejan, de verdad?
-¡Sí..! Por supuesto.
-¿Y van a volver?
- Sí, para ver cómo creció la acelga al lado de la represa.
Esa palabra es un compromiso.
Pienso en Cydia en estos días. Pienso en sus hijos vigilando la tierra que duerme y aguardando que despierte la semilla en un brote.
Y ese momento valdrá la pena para ellos, de eso estoy segura. Tanto como que en ello radicará el esfuerzo de una acción voluntaria que nos llena de alegría.